¿QUE SABEMOS?

¿Que es la MODA SUSTENTABLE?

Es la ropa, zapatos y accesorios cuyos procesos de fabricación son cuidadosos con el medio ambiente. La moda sustentable también toma en cuenta el impacto ambiental y social que las prendas tendrán durante su ciclo de vida.


¿De verdad sabes qué es la moda sostenible?


El auténtico significado de vestir sustentable.

La industria de la moda mueve 2,5 billones de dólares al año en el mundo. Sin embargo, una corriente dispuesta a cambiar números por valores inspira y enamora a sus clientes volviéndose cada vez más rentable. Lo has adivinado, se trata de la moda sostenible.

Slow fashion, moda ecológica, moda sustentable, moda saludable, moda lenta o moda ética. Bajo todos estos nombres, más o menos acertados, encontrarás moda sostenible. Pero, ¿qué es en realidad? ¿Cuál es la auténtica moda ética?

Moda sostenible contra fast fashion

Para comprender el concepto de slow fashion debes entender primero qué no es la moda sostenible.

Dicho de otro modo, veamos en qué se ha convertido la moda en los últimos 15 años. La respuesta es el fast fashion o moda rápida (algunos también lo llaman moda convencional pero prefiero pensar que dentro de poco lo convencional será la moda sustentable).

Si observas las cifras parece que no cuadran. Las estadísticas muestran que en 2008 dedicábamos el 9 % del presupuesto familiar a la compra de ropa y calzado (según el INE). Una década después el porcentaje se ha reducido al 5 %. Entonces, ¿compramos ahora menos ropa que antes?

Me temo que no. Compramos más ropa que nunca pero compramos más barato que en ningún otro momento de la historia...

Por Green Forest

Objetivo 2020: La década en que la moda asumió que debía ser sostenible

Cada año se producen 100.000 millones de prendas en todo el mundo, el doble que en 2000. Consumir mucho y desechar rápido es la base del modelo del fast fashion, que ha imperado en la industria de la moda desde principios de siglo y que ahora está en entredicho. Los recursos de la Tierra son finitos, pero la población no deja de crecer, y el modelo tiene unas implicaciones sociales y medioambientales que en la última década se han expuesto por primera vez con nombres y apellidos. Es esta doble crisis, de recursos y de reputación, la que en los últimos diez años ha colocado en la agenda estratégica de los titanes del sector un término hasta entonces reservado a marcas de nicho o a memorias de RSC: la sostenibilidad. No es una cuestión ética, sino de supervivencia: la moda será sostenible o no será.

Hasta ya entrado el siglo XXI, la sostenibilidad era un término vinculado a la responsabilidad social corporativa (RSC). Las compañías financiaban programas sociales y elaboraban prolijas memorias en las que detallaban sus avances en materia medioambiental o social y que, por lo general, tenían un componente más de comunicación que estratégico. Sin embargo, el sistema de la moda basado en el volumen, con un aprovisionamiento en países con salarios muy bajos y normativas casi inexistentes en regulación laboral y medioambiental, fue puesto en jaque por dos acontecimientos en la última década: la campaña Detox de Greenpeace y la catástrofe del Rana Plaza. Ambos señalaron las grietas de un modelo basado en el hiperconsumo y que ahora se plantea si puede seguir creciendo con los estándares actuales.


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La moda se encuentra ante un cambio de paradigma, que en el fondo no deja de ser la vieja paradoja del que todo cambie para que todo siga igual: los titanes abordan nuevas materias primas, nuevos procesos productivos y nuevas formas de consumir y desechar para poder seguir existiendo.

El punto de inflexión

En 2011, Greenpeace dio el pistoletazo de salida a su campaña Detox con la publicación del informe "Trapos Sucios"


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La moda ya era, antes de ambos documentos, la segunda industria más contaminante del planeta.


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Cuando apenas se estaba recuperando de aquel ataque de Greenpeace, otro suceso terminaría por cambiar para siempre las reglas de juego del sector. El 24 de abril de 2013 cedió la estructura del edificio Rana Plaza, situado en las afueras de Dacca, la capital de Bangladesh. El derrumbe del inmueble, que albergaba cinco fábricas de ropa, provocó la muerte de cerca de 1.130 personas y dejó heridas a casi 2.400 más. Fue la segunda mayor catástrofe industrial de la historia y supuso un antes y un después en las políticas de aprovisionamiento de los gigantes de la moda.

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Nada hasta el Rana Plaza había motivado una reacción tan rápida y global por parte del consumidor y de la industria de la moda. Por primera vez, las condiciones laborales pasaban a ser un asunto estratégico.

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Rana Plaza también sirvió para dar voz al resto de trabajadores de la industria de la confección de ropa en los países del Sudeste Asiático. La repercusión internacional que tuvo la tragedia en Bangladesh fue utilizada por los obreros del sector para reivindicar al mundo mejoras salariales ...

Por IRIA P. GESTAL para MODAES.ES